Innovación incremental: involucra
productos o procesos ya establecidos en el mercado; su propósito es optimizar
su diseño o introducir mejoras operativas que conduzcan a reducción de costos
vía aumentos de productividad o por ahorros de la selección de materiales u
operaciones de manufactura. Este tipo de innovación involucra cambios
graduales.
Innovación técnica: a nivel de
proceso o producto, está dirigida a introducir en el mercado una versión nueva
de un producto conocido, o un proceso de manufactura nuevo y ventajoso con
respecto a los existentes. Aun cuando este tipo de innovación puede introducir
importantes avances tecnológicos, los consumidores pueden no apreciar las
bondades tecnológicas del nuevo producto
o proceso, por estar acostumbrados al viejo.
Innovación aplicada: involucran
la utilización de tecnologías conocidas para generar productos novedosos desde
el punto de vista del consumidor, como la transferencia de un producto en un
segmento de mercado a otro, donde la utilización ofrece ventajas de precio y
otros beneficios apreciables sobre las opciones del mercado.
Innovación radical o de ruptura: introducen nuevos productos y procesos totalmente nuevos al
mercado. La biotecnología, nuevos materiales, microelectrónica y las
tecnologías de la información, son campos para el desarrollo de este tipo de
innovaciones. La innovación de ruptura conduce a nuevos patrones de producción
y de consumo, constituyendo la base de nuevas empresas y generando ingresos y
beneficios a niveles mucho mayores que los anteriores tipos de innovación.
El proceso de innovación radical involucra todas las actividades
para convertir en una realidad comercial una idea novedosa sobre un producto o
proceso, pero estas actividades no se desarrollan necesariamente siguiendo un
flujo lineal entre la investigación básica, la concepción de la innovación y la
puesta en el mercado del producto de la innovación.
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